miércoles, 28 de mayo de 2008

"Danza del Sol Mediterranea"... Y la poesía se hizo música.



Un día feliz y soleado, mi hermano Alberto, dos años mayor que yo, trajo a casa un maravilloso disco con esta obra maestra, Danza del Sol Mediterranea; entonces juré que algún día llegaría a tocar como estos señores; gracias a Dios que no se lo prometí a la Virgen porque todavía no lo cumplo.

Paco de Lucia, Aldi Meola y John Mclaughlin son los guitarristas.

jueves, 22 de mayo de 2008

"La Lucha", un cuento en busca de un ilustrador.

La primera versión de este cuento la escribí en el año 2000. Esa versión permanece en los Archivos de Kentucky. La segunda versión la escribí cinco años después, mientras visitaba la Ciudad de México; hoy forma parte de lo que llamo Archivo México II.

Esta es la tercera versión (quizás no sea la última) que hago de este cuento -a la que llamaremos Versión Austin-; la cual hice sin consultar ninguna de las dos versiones previas.Como la dedicatoria siempre ha sido la misma, el pequeño cuento que leerán obedece a una invitación, por parte de mi sobrina Betsy, de darle un cuento para ilustrar. Esta es mi aportación, sé que el trabajo será todo un reto.

LA LUCHA

by Tonatiuh Catalá

A Betsy Nayelli




Durante muchos años me persiguió. Días y noches interminables duró aquel terrible acecho. A medida que pasaba el tiempo me olvidé casi de existir. Vivía nada más para escapar de aquella bestia. Mi vida se convirtió así en un constante huir de ese monstruo, el cual no dejaba de correr tras de mí, voraz e incansable. ¿Por qué a mí? Me preguntaba. ¿Qué había hecho yo para que me persiguiera de esa manera? Sólo a mí.

La bestia era horrible; la escuchaba bufar acarcándose cada vez más, sintiendo su agitado aliento en mi cuello. Podía percibir sus pupilas abrirse inconmensurables cuando creía que estaba a punto de pillarme. Muchas veces, sus filosas garras me pasaban rozando la espalda, y en innumerables ocasiones estuvo a punto de atraparme, aunque siempre conseguí escabullirme en el último momento.

De cualquier modo, tantos años de huir me fueron debilitando poco a poco. Aquella criatura siniestra iba ganando terreno, y aproximándose peligrosamente cada vez más.


Confieso que algunas veces estuve cerca de rendirme, débil, me parecía no tener más fuerzas para continuar. Era absurdo vivir únicamente para correr. Mi casa se había transformado en una guarida. La calle, en un túnel de escape.

Una noche, mientras la luna se desparramaba por los bigotes de los gatos solitarios, salté una cerca y tropecé, caí al suelo, tenía el tobillo partido a la mitad. Me pareció ser el fin, me vi a su merced, incapaz de huir más. Como pude, me armé de valor y decidí luchar hasta el final. No hubo otra cosa qué hacer, no quería morir como un cobarde. Así que junté todas las fuerzas que me quedaban, y me levanté, dispuesto a enfrentarme a aquel monstruo. No vi nada.

Larga y obscura como una bestia harapienta, se extendía ahí, solamente mi sombra.


b
 

sábado, 10 de mayo de 2008

El Cuarto Blanco



Esta es una canción que adoro, por muchas razones, nada más de escucharla se me pone la carne de gallina y el hielo en mi Jack Daniel´s se derrite más de prisa; de todas las interpretasiones que conozco -además de tener el privilegio de haberla escuchado en vivo por el propio Eric Clapton --en la Pirámide de Memphis-- esta versión es una de mis preferidas, sobre todo porque el baterista es nada más y nada menos que el genial Phil Collins.
La forma de tocar de un guitarrista es lo mismo que su voz al hablar, posee un sello inconfundible. Sólo por presumir, diré que puedo jactarme -sin falsas pretensiones y hasta los reto a que me pongan a prueba- de reconocer a ojos cerrados cuando el maestro Eric Clapton está tocando la guitarra; así como puedo distinguir a otros guitarristas y músicos que tienen un estilo propio y sui géneris de tocar: BB King, Jimmy Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Santana o Jimmy Page, entre otros.


"Es un cuarto blanco, de cortinas negras/ que está junto a la estación de trenes/ En un pueblo de negros techos/ sin pavimentos de oro y de cansadas golondrinas/ Hay caballos plateados corriendo bajo los rayos de la luna/ en la obscuridad de tus ojos/ Nuestras sonrisas tristes al partir/ se dibujan como mi único consuelo/

Yo esperaré en este lugar, donde el sol nunca brilla/ Esperaré aquí hasta el fin/ Aquí, donde las sombras se alejan de sí mismas/

Tú dijiste que nada podía atarte a la estación/ Veo la taquilla/ las locomotoras moviéndose incansables/ y observo las ventanas hechas de adioses/ Yo caminé hecho pedazos por esa estación/ y mientras caminaba, sentí nacer mi propia necesidad/

Te voy a esperar ahí donde los trenes regresan/ Y descansaré a tu lado/ Ahí, donde las sombras se alejan de sí mismas/

En la fiesta ella fue amable entre toda aquella gente/ Nos dimos cuenta de que la vieja herida ya estaba olvidada/ Vi tigres amarillos agazapados en la jungla obscura de sus ojos/ Nuestras sonrisas tristes al decirnos adiós/ se dibujaron como mi único consuelo/

Pero yo te esperaré en este lugar/ entre esta multitud solitaria/ sentado en esta obscuridad/ donde las sombras se alejan de sí mismas.

Traducción: Tonatiuh Catalá