jueves 23 de febrero de 2012

Nunca ofrezcas tu amor a...



Algunas veces el amor nos hace un gran favor: nos pone de cabeza y nos sacude todo el sinsentido.

Tu amor
no debería ofrecerse a la boca de un desconocido,
sólo a aquel que tenga el valor y coraje de cortar su alma con un cuchillo,
para luego tejerla y hacer una cobija que te proteja.

Quédate junto a los sonidos que te hagan sentir viva y contenta.

Desde que la felicidad supo tu nombre, echó a correr por las calles para buscarte.

Ojalá pudiera mostrarte cómo brilla tu ser cada vez que estás sola y en la obscuridad.

Hay diferentes manantiales dentro de tu corazón. Algunos están llenos de una lluvia gentil,
otros se hallan más al fondo de todo eso.

El miedo es la habitación más barata de tu casa. Me gustaría verte vivir en mejores condiciones.

Incluso después de todo este tiempo el sol nunca le ha dicho a la Tierra "Me debes".

No hay placer que no posea unas gotitas de amargura.

Hafez
poeta Iraní.
Traducción del inglés Tonatiuh Catalá




sábado 18 de febrero de 2012

El barco de Van Gogh

“Hoy en día, todos quieren treparse al barco de Van Gogh. En él, ningún viaje puede ser tan terrible como para que no valga la pena aventurarse. Nadie quiere quedarse fuera del barco de Van Gogh. La idea de ignorar a un genio perdido en la marea del ninguneo es una idea de tontos hoy en día. Debemos de darle crédito a la desdichada vida de Vincent van Gogh por volar ese mito en pedazos. ¿Cuántas pinturas vendió? Le costaba trabajo deshacerse de ellas e incluso a los más brillantes de sus colegas en aquel tiempo les costaba trabajo entender lo que pintaba…



¿Qué es lo que hace que algo sea llamado Arte? No puedo contestar esa pregunta. Alguna vez le pregunté a alguien por qué le gustaban las obras de Jean-Michel [Basquiat] y me contestó: ‘Porque parecen obras de arte.’ Pero, de nuevo, el arte no siempre parece arte al principio. Del mismo modo que un cohete espacial no se parece a un cohete espacial cuando regresa a la Tierra.”

Rene Ricard, “The Radiant Child” (Fragmento).


Traducción Tonatiuh Catalá

lunes 13 de febrero de 2012

miércoles 8 de febrero de 2012

jueves 2 de febrero de 2012

Lectura de un poema en Euskal Herria: "Torturas" de Wislawa Szymborska




Poema "Torturas" de Wislowa Szymboska,
leído por lectores españoles vascos que padecieron, a su vez, la tortura.

viernes 27 de enero de 2012

..."¿Quién tiene tiempo de ser hidalgo?"

Creo que debo una explicasión de por qué hace unos días publiqué en este blog una canción de Pablo Milanés, Si el poeta eres tú, sin decir nada al respecto. Lo diré ahora.

Pablo es un cantante cubano que tiene no sólo esa forma sabrosa de cantar caribeña, sino que además posee una dicción castellana maravillosa. A mí me gustaba cantar sus canciones no sólo porque me deleitaban poética y musicalmente, sino porque sentía que al seguir sus notas aprendía así mismo una manera más rica de pronunciar el español. Al cantar esas estrofas, por ejemplo, de Versos Sencillos, mi dicción también se enriquecía, en parte, creo yo, a la culpa de los excelentes poemas de José Martí, pero la interpretación del nuevo trovador cubano tuvo un mérito enorme.

Aquí están dos ejemplos Sencillos:  Vierte corazón tu pena





y Amor de ciudad grande

miércoles 18 de enero de 2012

Si el poeta eres tú



Si el poeta eres tú
--como dijo el poeta--,
y el que ha tumbado estrellas
en mil noches
de lluvias coloridas eres tú,
¿qué tengo yo que hablarte, Comandante?

Si el que asomó al futuro su perfil
y lo estrenó con voces de fusil
fuiste tú, guerrero para siempre, tiempo eterno,
¿qué puedo yo cantarte, Comandante?

En vano busco en mi guitarra tu dolor
y en mi jardín ya todo es bello, no hay temor,
¿qué puedo yo dejarte, Comandante,
que no sea cambiar mi guitarra por tu suerte,
o negarle una canción al sol,
o morir sin amor?

¿Qué tengo yo que hablarte, Comandante,
si el poeta eres tú?
--como dijo el poeta--,
y el que ha tumbado estrellas
en mil noches de lluvias coloridas eres tú,
¿qué tengo yo que hablarte, Comandante?

Pablo Milanés

domingo 15 de enero de 2012

La lección de los Legos

.

“Le daré una lección a Ian,” dice Nayelli.

“¿Por qué dices eso?” pregunto.

“Esta mañana,” dice mi hija, “estabamos jugando y me dijo que no me prestaría sus Legos, que si quería jugar con él, debería tener los míos. Así que ahora que me compraste mis Legos, no lo dejaré jugar con ellos.

Cuando ella me dijo eso mi hijo Ian se encontraba en el baño del restaurante donde cenamos ayer sábado, en una tarde fría aquí en Kentucky.

“Mira,” le dije a Nayelli, tratando de que mi voz no sonara tan aleccionadora, “lo que yo creo que debes hacer, es darle una lección diferente a tu hermano. Cuando él quiera jugar con tus Legos, préstaselos. Tal vez así se de cuenta de que fue egoísta contigo y tú no lo eres. Quizás cambie de idea y la próxima vez te deje jugar con sus juguetes. De esa forma le darás una mejor lección.

Se quedó pensando y no me dijo nada. En ese momento regresó Ian.



Díganme, ¿hice bien? Podría haber dicho que cada niño puede hacer con sus juguetes lo que se le de la gana, que prestarlos o no es cosa suya.  Ustedes ¿qué piensan? Pude decir que Ian tiene el derecho a no compartir, lo cual es cierto, y que lo mejor es, precisamente, que cada quien tenga lo suyo para evitarse problemas y peleas.

Me gustaría saber qué piensan al respecto.

miércoles 11 de enero de 2012

poem

Franz Kafka
 by Tonatiuh Catalá

Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.
Era alto. Era delgado. Era alto. Era delgado.



martes 3 de enero de 2012

"Basura" no rima con "hermosura"

A

yer fui a una tienda donde al menos una vez por semana compro mi despensa. La locura decembrina ha pasado ya. Me encuentro los pasillos casi vacíos. La espera en las cajas se reduce a apenas nada. Cuando llega mi turno me fijo discretamente en el gafete de la cajera. La saludo por su nombre. Me recibe con una hermosa y sincera sonrisa diciéndome: “Siempre que me toca trabajar te veo por aquí pero nunca había tenido el privilegio de atenderte”. Con una velocidad que me sorprende le contesto: Likewise. Que en un cortés y diplomático inglés quiere decir más o menos algo así como: El privilegio es mutuo.

Su sonrisa no desaparece ni un instante en todo el momento que hablamos. Me despido complacido y agradecido. De camino a mi casita me pregunto: ¿Y quién soy yo para recibir tamaña atención de una persona con la que jamás he hablado?

Pero de lo que quiero hablar hoy es de cómo nos hemos convertido en una sociedad de desperdicios. Es algo que incluso ha llegado a deprimirme en estos días y debería comentárselo a mi psicóloga. Por lo regular procuro reciclar cuanta cosa uso. Separo mi basura en aluminio, vidrio, plástico y papel-cartón. Todas las baterías usadas las pongo aparte también. No dejo de pensar que muchas cosas que tiramos acabarán siendo quemadas convirtiéndose en letal polhumo o en el fondo de la tierra algún día. Y a esta pobre Tierra que tantas cosas hermosas y maravillosas nos da, ¿qué le devolvemos?: basura, inmundicia, junk, garbage, waste. Y lo peor de todo son aquellos que lo único que hacen es saltar por encima de la basura sin hacer nada. Espero que no se nos haga costumbre, hábito pues; que no lleguemos al día en que abramos las ventanas, miremos la basura acumulada afuera de nuestras casas y creamos que ese paisaje es algo cotidiano. Y común.