viernes, 21 de junio de 2013

Esse est Deus

By Tonatiuh Catalá

A principios de los años cincuenta, cuando presentaron la primera computadora al presidente Eisenhower, pidieron que hiciera a la máquina una pregunta.  A éste se le ocurrió preguntar “¿Existe Dios?”, (There is a God?),  a lo que la computadora después de diez minutosrespondió: “Ahora ya lo hay” (Now there is).

Este fue el primer error que cometió una computadora.

La computadora es una creación humana.  Pocos podrían relacionar su invención con un poeta, pero de alguna forma lo está. Lo contaré brevemente:  A petición del científico Charles Babbage, la hija de Lord Byron, Ada (1815-1852), tradujo la obra del italiano Federico Luigi Menabrea, donde se describe un algoritmo que por primera vez hizo posible a la ingeniería analítica computar los números Bernoulli.

Evolutivamente, la computadora debe su nacimiento a varios inventos que la hicieron posible, entre ellos el tipógrafo aparato utilizado para que los ciegos pudieran escribir, inventado por William Austin Burns, a comienzos del siglo XIX; luego, la creación de la llamada Writer Sphere, “esfera que escribe”, de Hanson, en 1864, que fue la primera máquina de escribir que hizo posible hacerlo más rápido que la mano.

Aunque se da el crédito al alemán Konrad Zuse, por haber inventado la primera forma de computadora en 1936  (Z1), con el propósito, según él, “de hacer la vida más fácil a los ingenieros y los científicos”, sin el telégrafo, la electricidad o los logaritmos de la computación analítica decimonónica, simplemente no habría computadora. 

La inscripción en una piedra escrita hace miles de años,  que aún nos cuesta trabajo descifrar, es el ancestro más antiguo de una computadora. Fue un largo proceso.

Me pregunto qué pasaría por la mente del presidente de los Estados Unidos, quizás intentó simplemente ser socarrón. Aunque no me parece posible que, de haber hecho esa pregunta al propio Einstein, o, digamos, a un ser humano con inteligencia suficiente para responder honestamente, éste hubiera contestado lo que la computadora dijo a menos que se tratara de un loco. Ignorar es una prueba de la inteligencia real y de una mente formal; creer que se sabe todo es una pretensión de la inteligencia artificial.


Por lo demás, podemos preguntarnos: ¿una computadora es inteligente? Pues eso depende de qué entendamos por inteligencia; una computadora está hecha de programas, y éstos son producto de la inteligencia, pero no son inteligentes por sí mismos. 

Que una máquina diga Yo soy Dios no es sólo un disparate sino una contradicción lógica y una aberración metafísica.

viernes, 8 de marzo de 2013

MARCEL DUCHAMP








Marcel Duchamp, "Playing against the clock", 1952  photo Eliot Elisofon





“…it is always posterity that makes the masterpiece.”

Marcel Duchamp




"Bicycle Wheel", by Marcel Duchamp, 1913

("...es la posteridad quien crea la obra maestra.")

sábado, 2 de marzo de 2013

Un Poema de Alejandra Pizarnick traducido por Tonatih Catalá

alejandra pizarnick

SIGNOS

    Todo hace el amor con el silencio.

    Me habían prometido un silencio como un fuego, una
casa de silencio.

    De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.


/SIGNS

     Everything it’s making love with the silence.

     They had promise me a silence of fire, a
house of silence.

     Suddenly, the temple is a circus and the light sounds like a drum.

Alejandra Pizarnik
TRADUCCIÓN AL INGLÉS: TC


miércoles, 27 de febrero de 2013

Rocío Cerón



RC

("Aproximaciones a una poesía humana", fragmento.)

By Tonatiuh Catalá


He dicho, lo digo y lo seguiré repitiendo, al cabo no me canso, que para medir el calibre de la poesía de Rocío Cerón, hace falta un anemómetro, o un sismógrafo. Su poesía, tan hondamente humana, también es extraordinariamente telúrica. Su lenguaje poético tiene la magnitud estética de un sismo o la velocidad del viento, y esto puede insertarse en el afortunado lector de una forma casi imperceptible, como en los segundos que nos lleva decir ¿Está temblando?... Está temblando. O como sólo es posible percibir ese viento invisible en aquello que mueve, como en el caso de las ramas de los árboles; porque ante su poesía sólo somos esas ramas.

Desde la primera vez que leí “Debajo de la lengua hay un presidio…” por ejemplo,  me ha sido prácticamente imposiblemejor debiera decir estéticamente imposible olvidar que la poesía de Rocío Cerón tampoco tiene principio, es; como el origen del tiempo, es, y, a final de cuentas, ese origen ya no nos concierne, sino lo que evoca y provoca, su tensión y su peso específico dentro de la poesía mexicana, hoy.

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lunes, 25 de febrero de 2013



Te quiero, ("Ella es muy pesada", sobre una rola de los Beatles)

by Tonatiuh Catalá


La edad cultural de un pueblo puede analizarse de diferentes maneras, una de ellas es la música, otra, para citar en este caso sólo a dos, es la literatura.

Las circunstancias sociales sirven casi siempre para determinar  la inteligencia con que una nación expresa su perspectiva histórica y desenvuelve su ser y estar en el mundo.

Un país es lo que se permite ser en un tiempo histórico, así como lo que niega y ofrece a sus ciudadanos, política y económicamente. Muchos son los factores y razones que provocan que, por un lado, desarrolle un sentido elevado de la música y, por otra parte, le sea posible engendrar un monstruo que lo gobierne, como fue en el caso de Alemania, por citar sólo un ejemplo.

El sentido estético de la música pertenece tanto al genio de sus individuos como al desarrollo y evolución social; su nivel moral  se expresa también por el temperamento y la manera de integrarse, sin hipocresía, a la evolución humana del mundo.

En 1969, a alguien se le ocurrió traducir el título de la canción de los Beatles “I want you (She’s so heavy)”, por el de “Te quiero, pero estás muy gorda.” No hay en esa canción de Lennon autor principal de la letra, ninguna referencia a la gordura física de una mujer. La palabra heavy puede traducirse como algo pesado pero no por ello tiene el significado de pesadez corporal. A nadie se le ocurrió la estupidez de decir “Metal Gordo”, por lo que conocemos como Heavy Metal, ¿verdad? Es absurdo; pues así de bárbaro fue traducir la palabra heavy asociándola con gordura.

Para hacer honor a la precisión, pienso que John Lennon  hizo referencia  a una mujer que era “pesada” en el sentido de que era aficionada a las drogas, esa es mi primera interpretación.  O pudo ser una mujer que pensaba profundamente en ciertas cuestiones que a él le parecieron demasiado atrevidas y densas intelectualmente, ¿por qué no?, lo cual resulta aún más aceptable. Pero en ambos casos se refiere a una cualidad moral a una pesadez moral o a una actitud pesada, no a un estado estético.

Me parece además que decirle eso a una mujer es un insulto, en cualquier época, y no creo que haya sido en ningún momento la intensión de los Beatles. Lo único que hay que hacer es, simplemente, poner atención a la letra y perdonar hoy a quien se atrevió a hacer tal desatino. 


Apostillas


En una interpretación aún más detallada de ese título, podemos darnos cuenta de que el “pero” ni siquiera existe en inglés; no es tampoco una condición ni exclusión de lo que quiere expresar, por tanto, simplemente, y para que quede más claro aún, podríamos traducirlo de la siguiente manera:

Te quiero ("Ella es muy pesada")

miércoles, 13 de febrero de 2013

De por qué no soy católico




Nací y crecí en una familia católica. Mi abuela era católica de hueso colorado y mi madre, educada en los sesentas, no tanto. Ninguna de las dos nos impuso la religión como una obligación, aunque confieso que a la abuela Bruna no le hubiera gustado mucho lo que voy a decir: no soy católico.

¿Por qué? En primera porque para ser católico hay que creer en la autoridad del Papa, y yo no creo en tal. Cada vez que mis amigos estadounidenses me preguntan por qué no soy católico, es lo que les contesto.

Y en seguida les cuento aquella anécdota de cuando San Francisco fue a Roma y le dijo al Papa, sentado en su trono del vaticano:

“¿Qué estás haciendo aquí adentro, si los pobres están allá afuera?”

Y es que eso es lo que simboliza un Papa: un disfraz, una vestidura de oro patética y decadente que no puedo tragarme ni respetar.

En cambio, sí soy cristiano. Creo en Jesucristo y en su madre. Y prometo, de una manera más amplia, en otra parte, explicarles por qué soy cristiano. Lo que me interesa decir y exponer ahora, en virtud de los hechos que han llevado al Papa Benedicto XVI a renunciar a su cargo, es que la iglesia católica, en honor al respeto por la vida, por la fe que profesa y su futuro, debería renunciar a la figura del Papa hoy y de una vez por todas; la iglesia no necesita de un líder, necesita de una nueva orientación y de una verdadera honestidad cristiana.

TC

sábado, 9 de febrero de 2013

Juan Rulfo - Entrevista 1977.

Juan Rulfo aquí me recuerda mucho a mi padre, sobre todo en su forma de hablar, de fumar y de mirar, aunque me gusta más la voz de mi padre.

jueves, 7 de febrero de 2013

sábado, 2 de febrero de 2013

3 Maneras de Ver a Wang Wei





Octavio Paz
 Dice Eliot Weinberger y Octavio Paz en su breve introducción a “19 ways of looking at Wang Wei”, que la poesía es aquello que vale la pena traducirse.


El poema de Wang Wei fue escrito hace 1200 años y desde entonces han sido muchas las versiones —algunas muy buenas, otras no tanto—, que se han hecho de este misterioso y bello poema.

A continuación publico la versión de Octavio Paz (en la edición de Aspholdel Press, 1987) y en seguida dos mías, que hice para ese poema, una hermosa tarde del 2010, aquí en Kentucky.


En la Ermita del Parque de los Venados


No se ve gente en este monte

Sólo se oyen, lejos, voces.

Por los ramajes la luz rompe.

Tendida entre la yerba brilla verde.

—Octavio Paz, 1974.


El Prado de los Venados


No hay gente aquí.

Sólo voces lejanas.

La luz atraviesa los densos árboles

y estalla en la yerba verde.

—Tonatiuh Catalá, 2010.



Parque Venados


Paisaje solitario.

Sólo voces lejanas.

Atravesando el espeso bosque,

la luz incendia el verde.

—Tonatiuh Catalá, 2010 (diez minutos después).



Eliot Weinberger


miércoles, 2 de enero de 2013

"Yo soy yo y mis circunstancias"


31 de diciembre, 1998. Germantown, Memphis. Es cerca de la media noche. Entro a un restaurante italiano; curiosamente, lo pienso ahora, el mismo restaurante donde años más tarde conoceré a Kristina, quien se convertirá en mi esposa. Pero en ese momento todavía no lo sé. El lugar está repleto, a reventar. Me cuelo hasta la barra y pido un Jack & Coke. Noto que quiero estar en medio de todo ese bullicio y esa gente, me recuerdo a El hombre de la multitud, de Poe; aunque no quiero encontrarme con nadie que conozca; no busco, y trato simplemente de fundirme entre las voces y cuerpos que se mueven, gritan y esperan la llegada del último año del siglo, 1999, nada mas. No deseo a esa multitud en este momento; para mí, los otros sólo están ahí accidentalmente; reconozco su esencia, pero ignoro su presencia y no pienso quedarme en ese sitio por mucho tiempo tampoco. Si alguien se me acerca e intenta entablar conversación conmigo soy cortés, pero cortante. Dos wiskis mas tarde, tan sólo unos minutos antes de la media noche, decido abandonar el restaurante y volver a mi departamento, a sólo tres calles del restaurante italiano. No llueve ni neva; hace frío pero mi gabardina inglesa y el Jack Daniel's me hacen disfrutar el clima; escucho cohetes y cuetes en la distancia; las calles a mi alrededor son tan silenciosas que puedo escuchar mis propios pasos en la noche. No encuentro a una sola persona en las aceras, las calles están desiertas aquí en Germantown; si esta ciudad festeja, parece hacerlo a puerta cerrada. De pronto me percato de algo, soy consciente de algo: es la primera vez que hago esto en mi vida: festejar la llegada de un nuevo año caminando solo por la calle. Pero no me siento solo en absoluto; no me asalta tampoco el menor sentimiento de soledad ni nostalgia ni tristeza, todo lo contrario; esa algarabía lejana es la mía, la fiesta en el restaurante es la mía; el tronido de los cohetes me llena de alegría. Estoy despierto, estoy vivo, celebro; voy de traje y corbata de regreso a mi apartamento y una inmensa dicha me abraza porque he podido estar en cualquier parte, con amigos o con una amante, o simplemente quedarme en el restaurante y…celebrar; pero esta es pirotecnia pura del alma y el espíritu. Ha comenzado el nuevo año, 1999. Pienso en mi familia, en México, en todos los que están y los que no están; imagino sus caras de celebración en esos momentos; no estoy solo. Aquella noche se convirtió en un poema que después titulé Primero de Enero.

Nunca he vuelto a festejar de esa manera la llegada de un nuevo año. Todo lo opuesto a mi celebración de la llegada del 2012: bailando. Pero aquella noche de 1998-99 me pertenece, es parte de mi historia y mi orgullo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Café con Alberto


Q H,

Supe hasta más tarde que yo tenía cinco años cuando hicimos aquel viaje al mar.  Digo “más tarde” porque cuando somos niños, lo que ocurre y acontece, en medio de las horas, edades y días, queda guardado en la memoria como en un tiempo y espacio donde la cronología no tiene nada que ver.  Se viven, ajenas a una fecha u horario, las cosas y punto. Es hasta después cuando la historia y el tiempo real nos conciernen. Y nos atañe.

Mis hijos, por ejemplo, aprendieron en una escuela de Texas lo que era miércoles o lunes; yo, a propósito, no quise enseñarselos, porque me di cuenta de que un niño puede vivir perfectamente y ser feliz sin necesidad de tener una distinción tan tajante de los días, al menos no antes de los cinco años, porque no la necesitan.

¿Llegamos al puerto de Acapulco en autobús o en el Chevrolet azul de Manolo? No importa. ¿Nos hospedamos en una casa convertida en un Hotel o era un Hotel que parecía una casa? No lo sé exactamente; pero recuerdo el lugar. Recuerdo el calor, como una piel pegajosa, y recuerdo las reconfortantes duchas de agua fría. Recuerdo el patio y las plantas en el centro, que hoy percibo como una jungla; quizás no porque fueran en verdad muchas plantas sino por mi estatura de entonces. De niño todo nos parece ser más alto y más grande; la dimensión del mundo se percibe a través de nuestra pequeñez física.

Y entonces hay algo que recuerdo con más nitidez que cualquier otra cosa. Hay unas escaleras, te sigo, llegamos hasta una planta alta, caminamos por un pasillo y llegamos hasta la orilla de un barandal; imitándote, me alzo de puntitas para ver lo que miras y entonces lo descubro yo también. No tan lejano, tras de una hilera de casas grises y rojas, aparece un horizonte verde: el océano. Allí. La primera vez que vi el mar, de puntitas, junto a ti. Lo he visto otras veces, en muchas partes, pero creo que nunca olvidamos la primera vez que nos sale al encuentro, como dice JEP.

Hay otras cosas que recuerdo de ese viaje: la abuela Irene, la prima Liliana y su miedo a las olas, la playa donde recogí conchas como un tesoro que luego perdí; una noche por el malecón, los mercados…Todos esos detalles llegaron después, otros fueron olvidados; pero un día llegó a mí, claro y maravilloso, el recuerdo mágico de la primera vez que vi el mar, junto a mi hermano.


17 de diciembre, 2012.

martes, 20 de noviembre de 2012

Psicología e Historia

Carl G. Jung frente al busto de Sócrates
Photo by Tim Gidal
“…sin historia no hay psicología, y, ciertamente, no habría psicología del inconsciente; puesto que una psicología del inconsciente puede, para ser precisos, contener material substraído de la vida personal; pero tan pronto intentamos interpretar una neurosis, por ejemplo, tenemos que echar mano de una anamnesis que nos permita explorar de una forma más profunda que la misma consciencia.  Y cuando en el transcurso de la terapia nuestro análisis pide tomar decisiones inusuales, pueden aparecer sueños que requieran ir más allá de una interpretación de la memoria personal.”

Carl G. Jung

Traducción del alemán por Richard y Clara Winston
Traducción del inglés por Tonatiuh Catalá

lunes, 19 de noviembre de 2012

Jorge Luis Borges en una Biblioteca de Kentucky



En mi camino hacia la puerta de salida de la Biblioteca, lo encuentro casi de frente, saludándome desde el anaquel superior de uno de los estantes: Jorge Luis Borges. Poesía Completa.

Alguien lo ha colocado ahí, exhibido como una novedad. Es la primera edición, publicada apenas en septiembre 2012, por VINTAGE ESPAÑOL; tiene ya los derechos de autor (1995) por María Kodama.


La portada puede ser un laberinto, o un Golem borgiano. Es, en realidad, una fotografía de Erick y Martin Demaine: “Escultura de una curvatura creciente —Nado”. *(Figura 1).


Fig. 1



Mis encuentros con Borges han sido casi siempre así, fortuitos y sorpresivos, pero siempre fructíferos; recuerdo el primer libro que leí de él, amarillo y negro, de pasta gruesa. Una antología de su Poesía, reunida y publicada por la desaparecida editorial Bruguera. De alguna forma llegó a nuestra casa en la Ciudad de México, tal vez traído por mi hermano Alberto, o Rebeca. Ese libro también pudo haber sido mío. No importa, lo fue de cualquier manera. Lo relevante es que se convirtió en uno de mis libros favoritos y me hizo querer más la poesía. Ahí descubrí por primera vez el poema de Ajedrez, el de Spinoza, el de Fundación Mítica de Buenos Aires, su poema a México. Los leí con más pasión que entendimiento, pero a los 17 o 18 años, nos está permitido ese pecado.


Lo que me sorprende es todo lo que desconozco aún de la obra de Jorge Luis Borges. No he leído ni toda su poesía ni todos sus cuentos ni todos sus ensayos. Creo, vagamente, conocer la obra de un escritor argentino que se quedó ciego a los cincuenta años.


Lo que no me sorprende es que no dejo de admirarlo cada vez más, de manera distinta y con el mismo fervor. No debemos de pasar de largo que este enorme autor dijo alguna vez que sin la obra de un escritor mexicano, Alfonso Reyes, su obra no hubiera sido la misma; pienso que es una bella mentira pero expresa mucho, lo suficiente como para no olvidarlo. Y no debemos olvidarlo tampoco porque creo, quizá exageradamente, aunque no lejos de la verdad, que sin la obra de Borges no existiría la obra literaria de tantos otros. Cuando menos, le debemos su fervor por el lenguaje y una que otra hermosa tarde, o noche de soledad, llena de buena literatura.



fig. 2