lunes, 28 de diciembre de 2009

A la orilla del Mississippi

&
Curiosamente, la versión en inglés habla del amor entre una pareja perteneciente a dos tribus diferentes, un hombre (el Oso Corredor) y una mujer (Pequeña Paloma Blanca, o Palomita). Ante la negativa de sus respectivas familias, los amantes se tiran al río y en el ecuentro a la mitad, donde se besan por primera vez, un remolino se los traga y mueren; así, sus espíritus habitan --enamorados-- eternamente, la orilla del río.

La versión en español es otra cosa. Todo lo contrario. En la versión mexicana, la pareja termina casándose para dar fin a la guerra y comenzar la paz de las dos tribus enemigas.

Dos culturas, dos formas de ver las cosas; pero en el ámbito del mito es totalmente válido. Incluso en la expresión fantasiosa de una canción de rock.


versión en inglés





versión en español


jueves, 24 de diciembre de 2009

La generosidad se aprende en la cuna

Hace poco le comenté a una compañera que trabaja conmigo: "Se acerca Navidad, ¿estás contenta?"

"No", me contestó. "Odio la Navidad".

No pude evitar la pregunta: "¿Por qué?"

"Pues porque nunca he podido comprarle a mi familia las cosas que quiero, y eso me deprime".

¡Ay ay ay! Pero es que de eso no se trata, me apresuré a decirle, la Navidad tiene otro sentido.
Mi padre nunca me ha regalado nada en Navidad, pero no por eso lo quiero menos, se los aseguro. Me regaló la vida, y eso es un regalo permanente.
Hay a quienes les cuesta mucho trabajo dar algo, quizás porque nunca les enseñaron a hacerlo. Aunque los regalos pueden ser de diferentes tipos, podemos dar algo que no necesariamente sea material.


Se puede regalar una sonrisa, una palabra de amor o de afecto. Hay gente a la que no conozco y que cuando me desea Feliz Navidad me alegra el día. No espero nada más ni nada más me hace más feliz este día que saber que la gente se reúne para celebrar el nacimiento de Cristo. Nada más.

Ahora, deseándoles una ¡Feliz Navidad! a todos, les presento mis tres canciones preferiras en Navidad:
Santa Baby


Santa Claus ya viene al pueblo



El niño del tambor

viernes, 18 de diciembre de 2009

Diablo con vestido azul

Nos la seguimos, digo, seguimos rockanroleando...

jueves, 17 de diciembre de 2009

Hoy, sólo rock mexicano de los sesentas

Bueno, pues hoy es mi cumpleaños y quiero festejar aquí publicando estos videos de la música que mi madre bailaba cuando yo nací.

Fue en un café



Popotitos



Bule Bule



Es Lupe



Enamorado de la novia



Siluetas

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Dedicada a todos los perdedores del mundo...como yo

"I´m loser"
.


Soy un perdedor.
Soy un perdedor.
Y no soy lo que aparento ser.

De todos los amores que tuve y perdí,
hay uno con el que nunca me hubiera cruzado;
ella era una chica entre un millón, amigos,
y debí saber que me ganaría al final.

Soy un perdedor,
y perdí a alguien que quería.
Soy un perdedor,
y no soy lo que aparento ser.

Aunque río y bromeo como un payaso,
debajo de mi máscara hay una mueca de enfado.
Mis lágrimas caen como lluvia del cielo
¿es por ella o por mí que estoy llorando?

...

¿Qué fue lo que hice para merecer esto?
Me doy cuenta que fue demasiado tarde para dejarla.
Así que es verdad, el orgullo siempre nos hace caer,
te digo esto para que no te pase lo que a mí.

Soy un perdedor,
y no soy el ganador que aparento ser.

martes, 8 de diciembre de 2009

Y ahora, el sueño roto de Rod Stewart



Cada día bebo este vino,
sintiéndome bien, esperando
por esa señal que pueda entender.
Sí, así estoy.


En estos días que paso entre horas,
torres de marfil, flores ensangrentadas,
empujando la cabeza en el viento,
no me importa si alguna vez llego a saber donde voy.

No lleves tu suerte demasiado lejos,
tus heridas no necesitan cicatrizar,
lo único que importa ahora es donde estás,
viviendo en este sueño roto...

(seguiré traduciendo)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Its all good brothers...

"Viviendo en un sueño roto"...Python Lee Jackson


martes, 1 de diciembre de 2009

Los zapatos de José Emilio Pacheco



“Raramente concedía una entrevista. Me parece que en su juventud  Elena Poniatowska le hizo una, pero de ahí en fuera nosotros sólo lo conocimos a través de sus novelas, sus cuentos, sus ensayos literarios y sus poemas. También,  alguna vez escribió un hermoso y sabio poema explicando el por qué no daba entrevistas.
Fue allá por 1988 si equivoco la fecha por favor acháquenselo a mi despistada manera de memorizar datos y concordias, el año en que se organizó un festival de poesía en el Teatro de la Ciudad. Me parece que cuando Octavio Paz invitó a José Emilio Pacheco a participar, éste se negó al principio. Pero entonces Octavio sacó el colmillo y le reclamó a José Emilio que cómo sí se presentaba a dar conferencias cada vez que lo invitaban en el extranjero, las que le pagaban muy bien, y, en cambio, se negaba presentarse a leer sus poemas en su propio país. Ante esa "insistencia", José Emilio Pacheco accedió.

La noche del recital, cuando correspondió A Pacheco el turno de leer, salió de entre bambalinas, leyó y ante el asombro del público y los otros poetas presentes, incluyendo el propio Paz después de terminar de leer, desapareció tan raudo como veloz,  detrás de las mismas bambalinas por donde salió. Yo, sentado entre los agraciados asistentes aquella noche, noté que un poeta en el asiento contiguo a Paz  murmuraba algo a éste al oído. "¿Por qué se fue?", quizás le preguntó. A lo que Paz tal vez respondió, excusándolo: "No lo sé, tal vez le anda de la pi pí".

Pues al día siguiente me enteré, por un amigo cercano a él, que la noche del encuentro José Emilio Pacheco, tan despistado como siempre, por las prisas de no llegar tarde al Teatro se puso, sin darse cuenta al principio, dos zapatos diferentes, razón por la cual, para que el público no lo notara, evitó sentarse frente a la audiencia durante el evento, como sí hicieron en unas sillas los demás poetas que asistieron. "Siempre anda con grandes prisas", me confesó mi amigo, quien asistía conmigo a la Facultad de Filosofía y conocía también personalmente a Laura Pacheco, hija de José Emilio, y quien le había contado el incidente de los zapatos.
Yo lo conocí aquella noche de ese inolvidable evento agazapado en uno de los pasillos del Teatro de la Ciudad, mientras hablaba con alguien. Me miró con sus ojos inquietos mirando mis ojos detrás de sus gruesos anteojos, como para notar cualquier desliz de mi mirada hacia sus zapatos, y puedo decir que hasta lo hizo con cierta timidez.”
Con esta anécdota he querido festejar la otorgación este año del Premio Cervantes a nuestro querido poeta mexicano, José Emilio Pacheco. Yo sé que Octavio Paz, su maestro y amigo, le hubiera dicho: "No se me achicopale José, hay que recibir los premios nomás para quitarles toda su importancia."

Tonatiuh Catalá