Respuesta a tt:
No es fácil responder a tu pregunta. Intentaré hacerlo pero no creo que tenga mucho éxito. Tampoco quiero contestar de una forma irresponsable y de antemano te advierto que esto será sólo un comentario previo a un análisis más concienzudo de mi parte sobre el tema.
En primer lugar puedo decir que el suicidio no me parece ser producto de ninguna clase de racionalidad. Su misma naturaleza desesperada e impulsiva le quita la posibilidad de "razón". Quien atenta contra su propia vida no piensa, siente. O digamos que no puede pensar en otra cosa más que en lo que siente. Su pensamiento está obstruido por el impulso. El impulso no como movimiento conciente que nos eleva y proyecta en nuestro beneficio sino como un acto adyacente y opuesto a la conciencia.
El suicidio es como un susurro del demonio: Suicidate, dice, no luches, acaba contigo porque no tienes esperanza, no hay escape, muérete y demuestra que es imposible vivir, que es imposible la alegría y la luz; por eso veo al suicidio como producto de la oscuridad; ese es su verdadero sinsentido.
En dado caso, tampoco podemos hablar del suicidio como una decisión ética; si acaso, es una decisión moral, nada más. Porque, estrictamente hablando, lo ético es resultado del pensamiento, mientras que la moral es producto del instinto, o simplemente del hacer que no ha sido pensado.
Planear el suicido "sezudamente", para usar el término que utilizas, no es tampoco ninguna garantía de ser producto de la conciencia. Podemos planear de antemano ir al supermercado, pero eso no implica que haremos la mejor de las compras. Mishima planeó "sezudamente" su suicidio y lo único que originó fue una gran tragedia, la suya, la de otros y la de su familia. Yo no veo nada de honorable en el suicidio, porque no encuentro honorabilidad en escoger la salida más fácil, la más extrema.
En el caso del suicidio de una persona que padece, digamos, una enfermedad terminal y sabe que morirá, responderé lo que me dijo alguna vez mi hermana Rebeca --psiconalista-- ante ese aspecto: ¿Por qué apresurar lo que tarde o temprano llegará? Muy, muy pocos saben, por ejemplo, y aquí lo expresaré por primera vez, que Sigmud Freud se suicidó. Te apuesto a que no lo sabías. Al saberse enfermo de un cáncer incurable, pidió a un amigo doctor que le aplicara una sobredósis de morfina. Y eso lo hizo nada más y nada menos que el llamado padre del psicoanálisis.
Creo que tenemos todo el derecho de elegir, como Freud, como Mishima o Kurt Cobain, Silvia Plath y tantos otros, la forma de morir; y es ahí donde no podemos establecer ninguna clase de argumento categórico ni definitivo. O juzgarlo y condenarlo. Hay que entender lo mejor que podamos, para alejarnos, lo mejor posible, de esa tentasión.
Cioran dice que "la obsesión en el suicidio es característica del hombre que no puede ni vivir ni morir". Yo pienso que si existe dicha obsesión, es prueba de que la idea de la muerte se ha arraigado aún más fuertemente que la idea de la vida, lo cual impide vivir plena y sabiamente, porque apostamos por aquello que desconocemos; no obstante, la vida es esto que tenemos frente a nuestros ojos, es lo que está ahí, no lo que hemos hecho de ella, sino lo que, frente a la sinrazón y la ignomia, la injusticia y la degradación, la estupidez y el caos, nos muestra, al presenciarlo en los demás, que esa opción siempre resulta en un fracaso.