jueves, 26 de marzo de 2009

No me arrepiento de nada

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No me arrepiento,
no, no me arrepiento,
ni del bien ni del mal que me han hecho.

No me arrepiento,
no, no me arrepiento;
lo que pagué, tiré u olvidé,
realmente ya no me importa.

Hice con mi pasado una fogata;
con mis tristezas, mis alegrías,
que ya no necesito;
tiré todos los amores,
los temores, y se han ido para siempre,
comienzo de cero.

No me arrepiento,
juro que no me arrepiento de nada,
ni del bien o el mal que me han hecho.

No me arrepiento,
no, yo no me arrepiento,
porque mi vida, mis alegrías,
hoy todo eso comienza contigo.



El año pasado fui a ver una película sobre la vida de Edith Piaf; en la escena final la actriz que interpreta a Piaf canta esta canción. Comencé a llorar, lo confieso, no me importa decirlo; lo bueno es que la sala del cine estaba a obscuras y nadie me vio llorar; quizás sólo ella, la única que podría comprender la razón de mi llanto.

domingo, 22 de marzo de 2009

Austin, Texas


foto: ollinsunpress

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En el portón principal del capitolio de Austin, la capital texana en Estados Unidos, hay seis escudos.
Uno de ellos es nada más y nada menos que el escudo de la bandera mexicana: un águila decimonónica (de frente, no de perfil) devorando a una serpiente, posada sobre un nopal.

A quienes llegamos, primero como turistas y luego a vivir aquí, nos agrada caminar alrededor del capitolio por la noche, poblado de airosos y mágicos árboles; es costumbre de los recién casados tomarse una foto en sus jardínes; no hay soldados que lo vigilen ni policias metiches e inoportunos que se metan con la gente que por ahí pasea a medianoche.

Una tarde observé a un hombre americano parado a las afueras del capitolio con una gran pancarta, era tan gigante que podía leerse desde la cima del monte Everest. La pancarta decía: Bush, hijo de puta, vete al infierno. Nadie lo molestaba; muchos autos tocaban el claxon y vitoreaban. Incluso la policia pasaba de largo, indiferente.

Un hombre negro, vagabundo, sentado en una banca, miraba una maleta abierta...quizás contemplaba su futuro, porque la maleta estaba vacía.

El escudo mexicano permanece ahí como un testigo y testimonio de que Texas no olvida a la nación que le dio origen. Es un símbolo que representa al pueblo mexicano y principalmente al imperio Azteca. Aún puede verse en muchos lugares flotar el lábaro patrio mexicano también, junto a la bandera texana y a la estadounidense.
Las mujeres y los hombres nacidos en Texas de padres mexicanos, hablan perfectamente el inglés y un poco menos el español, pero se sienten mexicanos más que norteamericanos; ante los gringos se declaran mexicanos, no obstante, ante un mexicano de nacimiento presentan una curiosa actitud, mezcla de admiración e intimidación. Es una pena que muchos de ellos, sintiéndose orgullosamente mexicanos como lo noté, jamás hayan puesto un pie en México.

La foto que aparece arriba fue tomada desde mi celular en una fantástica noche de luna llena.
















jueves, 19 de marzo de 2009

Cucurrucucú...paloma

Caetano Veloso es un músico que tiene la virtud de convertir una canción pop de Michael Jackson en una balada romántica. Cuando me invitaron a ver la película Hable con Ella tenía mis dudas, porque no soy muy afecto a los films de Pedro Almodóvar, pero cuando vi la escena donde el cantante brasileño interpreta esta canción mexicana, supe que por esos tres minutos bien valieron la pena el tiempo perdido en el resto.

domingo, 15 de marzo de 2009

Meditaciones sobre el suicidio


Respuesta a tt:

No es fácil responder a tu pregunta. Intentaré hacerlo pero no creo que tenga mucho éxito. Tampoco quiero contestar de una forma irresponsable y de antemano te advierto que esto será sólo un comentario previo a un análisis más concienzudo de mi parte sobre el tema.

En primer lugar puedo decir que el suicidio no me parece ser producto de ninguna clase de racionalidad. Su misma naturaleza desesperada e impulsiva le quita la posibilidad de "razón". Quien atenta contra su propia vida no piensa, siente. O digamos que no puede pensar en otra cosa más que en lo que siente. Su pensamiento está obstruido por el impulso. El impulso no como movimiento conciente que nos eleva y proyecta en nuestro beneficio sino como un acto adyacente y opuesto a la conciencia.

El suicidio es como un susurro del demonio: Suicidate, dice, no luches, acaba contigo porque no tienes esperanza, no hay escape, muérete y demuestra que es imposible vivir, que es imposible la alegría y la luz; por eso veo al suicidio como producto de la oscuridad; ese es su verdadero sinsentido.

En dado caso, tampoco podemos hablar del suicidio como una decisión ética; si acaso, es una decisión moral, nada más. Porque, estrictamente hablando, lo ético es resultado del pensamiento, mientras que la moral es producto del instinto, o simplemente del hacer que no ha sido pensado.

Planear el suicido "sezudamente", para usar el término que utilizas, no es tampoco ninguna garantía de ser producto de la conciencia. Podemos planear de antemano ir al supermercado, pero eso no implica que haremos la mejor de las compras. Mishima planeó "sezudamente" su suicidio y lo único que originó fue una gran tragedia, la suya, la de otros y la de su familia. Yo no veo nada de honorable en el suicidio, porque no encuentro honorabilidad en escoger la salida más fácil, la más extrema.

En el caso del suicidio de una persona que padece, digamos, una enfermedad terminal y sabe que morirá, responderé lo que me dijo alguna vez mi hermana Rebeca --psiconalista-- ante ese aspecto: ¿Por qué apresurar lo que tarde o temprano llegará? Muy, muy pocos saben, por ejemplo, y aquí lo expresaré por primera vez, que Sigmud Freud se suicidó. Te apuesto a que no lo sabías. Al saberse enfermo de un cáncer incurable, pidió a un amigo doctor que le aplicara una sobredósis de morfina. Y eso lo hizo nada más y nada menos que el llamado padre del psicoanálisis.
Creo que tenemos todo el derecho de elegir, como Freud, como Mishima o Kurt Cobain, Silvia Plath y tantos otros, la forma de morir; y es ahí donde no podemos establecer ninguna clase de argumento categórico ni definitivo. O juzgarlo y condenarlo. Hay que entender lo mejor que podamos, para alejarnos, lo mejor posible, de esa tentasión.

Cioran dice que "la obsesión en el suicidio es característica del hombre que no puede ni vivir ni morir". Yo pienso que si existe dicha obsesión, es prueba de que la idea de la muerte se ha arraigado aún más fuertemente que la idea de la vida, lo cual impide vivir plena y sabiamente, porque apostamos por aquello que desconocemos; no obstante, la vida es esto que tenemos frente a nuestros ojos, es lo que está ahí, no lo que hemos hecho de ella, sino lo que, frente a la sinrazón y la ignomia, la injusticia y la degradación, la estupidez y el caos, nos muestra, al presenciarlo en los demás, que esa opción siempre resulta en un fracaso.








Angie

¿Recuerdas esos días?: "...Sin amor en el alma y sin dinero en los bolsillos, no puedes decir que eramos afortunados, pero te sigo amando, a donde quiera que voy miro tus ojos, y jamás he conocido a ninguna mujer que se te parezca... Ven, déjame secarte los ojos...Angie, tal parecería que no era nada bueno estar vivo, pero no puedes decir que no lo intentamos."

domingo, 8 de marzo de 2009

Apostillas a "En este pueblo sí hay ladrones".

Ayer, durante una cena, una amiga mía, quien trabaja en una super tienda como supervisora, me dijo que ellos consideran dos tipos de ladrones: el ladrón amateur (the amateur thief) y el ladrón profesional (the profesional thief). Los primeros roban de acuerdo a un deseo y lo hacen esporádicamente, cada que se les puede presentar la ocasión; mientras que los segundos planean sus robos cuidadosamente e incluso hacen de sus hurtos un modus vivendi.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Óleo de mujer con sombrero

"Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción...

La cobardía es asunto,
de los hombres no de los amantes,
los amores cobardes no llegan a amores
ni a historias, se quedan ahí..."




Un poema hecho pintura, o viceversa.