
Dicen que la ocasión hace al ladrón. Yo más bien digo que es la intención. El año pasado me robaron dos bicicletas en Austin. No pude dejar de pensar en aquella famosa película italiana de El ladrón de bicicletas. Si la han visto, recordarán que el protagonista —ante la imposibilidad de encontrar justicia y recuperar la bicicleta que le han robado— se ve tentado a hurtar una para poder mantener su trabajo. El plan no resulta y es expuesto a la burla de ser llamado ladrón frente a su hijo. Es todo un drama que parece sacado de una película de Ismael Rodríguez.
La primera bicicleta que me robaron fue en un sábado durante la noche. Supuse que el ladrón, borracho, después de una fiesta quizás, la utilizó para irse a su casa. Me compré otra. Una semana después, esta vez un miércoles por la noche, también desapareció. Tengo la idea de que el ladrón fue el mismo, así que descarté la primera hipótesis de que la utilizó bajo el efecto del alcohol para llegar a casa.
Una amiga americana me comentó que en Estados Unidos la gente es capaz de robar, no por necesidad, sino simplemente por malicia. Ni siquiera creo que el atraco, como también llamamos en México al robo, se haya debido a una necesidad económica, porque, aunque mantenía mis bicicletas en buen estado y apariencia, en realidad no eran caras. Averigüé que si alguien lleva a revender una bicicleta de cien dólares a una tienda de empeños, llamadas Pawn Shop en este país, recibiría aproximadamente sólo de veinte a veinticinco dólares.
Sin intención, aunque haya ocasión, no hay ladrón. Eso es lo que pienso. Quien roba un objeto de 1 dólar será capaz de robarse otro de cien, porque para este tipo, al que llamaremos el ladrón intencional, no importa el monto de lo que robe o estar sin blanca, sino el mero hecho de robar. Si acepto la idea de mi amiga, podré decir entonces que cuando la ocasión llega, el ladrón ya está hecho. Un ladrón que roba con toda la intención lo hace con ocasión o sin ella, porque aún sin oportunidad, el ladrón la busca.
Creo que en materia legal y penal es esencial la idea de conocer el motivo y la intención del robo para establecer su gravedad. En México, todavía a finales de los ochentas, el robo de medicinas por una necesidad de enfermedad, o el de libros por necesidad de educación, no eran considerados como delitos, al menos graves. Por lo que sé, las cosas han cambiado desde entonces, lo cual no es nada alhagador. Cuando cuestionamos los motivos de un robo es imposible dejar de cuestionarse la idea de propiedad privada, por ejemplo. Uno de mis maestros me dijo alguna vez que la propiedad privada era algo así como antinatural al ser humano; cuando los primeros hombres caminaban sobre esta tierra y encontraban un árbol con fruta, lo único que hacían era alargar la mano para obtenerla. Quizás exista algo de esa inocencia original en alguien que roba comida.
Pero ¿existirá la misma cualidad en alguien que nos roba la cartera, el coche o la bicicleta? ¿Ustedes qué piensan?


